"Espinosa de Cerrato (Palencia)"

04 mayo 2019

CUENTOS DE LA INFANCIA (MOISÉS)

Nuestro agradecimiento a Moisés por mandarnos este escrito que nos habla de los cuentos populares que antiguamente se contaban en el pueblo y en los que siempre intentaban transmitir un sistema de valores y mensajes importantes para nuestra enseñanza.
Gracias de verdad. Moisés y ojalá más gente se animase a mandarnos escritos como estos para sumar a esta página más datos culturales de lo que fue y lo que es nuestro pueblo y saber más de nuestros orígenes y la vida de los que nos precedieron.

Cuentos de la infancia 

No hace mucho tiempo la periodista Mari Pau Domínguez publicaba en ABC un artículo sobre Juan Díaz de Garayo, el “Jack el destripador” alavés, primer asesino en serie de la historia, más conocido por el Sacamantecas, y los crímenes a él atribuidos ocurridos en Vitoria entre los años 1870 – 1880.

La lectura de este artículo me retrotrajo a mi infancia y a los cuentos o historias que nos narraban nuestros padres, abuelos y otros familiares de edad.
Igual que todas las sociedades y grupos humanos, la gente de Espinosa, utilizó el cuento popular que, por su brevedad, sirvió para asegurar la continuidad del propio saber popular y mantener a lo largo del tiempo su sistema de valores y formas de vida, transmitiendo mensajes importantes sobre la familia, la sociedad, la educación, la pertenencia al grupo etc.

Recuerdo aquellas largas jornadas invernales, al amor de la lumbre, alrededor de la mesa camilla, junto al brasero o estufa de leña, y durante el verano, en las calurosas horas de la siesta o a la fresca de la noche veraniega, cuando nuestros padres, abuelos u otros familiares o vecinos de edad utilizaban estas narraciones antiguas.
De todas ellas quiero destacar, principalmente, los cuentos de miedo o terror, tales como: “El Tragaldabas”, “El Sacamantecas” y “El hombre del saco".
El objetivo de estos cuentos “asusta chicos” era la enseñanza del miedo en la infancia, como actitud para afrontar la vida adulta. La angustia hacía reflexionar y crecer. Se trataba no sólo de un medio coercitivo de enseñar a comportarse frente a rutinas cotidianas como la alimentación, acostarse pronto etc. sino también el de inculcar la obediencia a través del pánico o el terror a lo desconocido, “no salir de noche, no acercarse a desconocidos, llegar pronto a casa”… etc.

El tragaldabas.
Es uno de los personajes del folclore castellano similar al de las zonas de cultura celta: el gallego “O Papón”, “El Papón” asturiano; “O Papào” portugués y al catalán “El Papu”.
Se presenta con diferentes características, según la zona, pero en todos ellos hay ciertos rasgos comunes: un monstruo gigante, cabezón y de aspecto bruto, la boca enorme, un gran estómago y un hambre insaciable capaz de tragarse hasta un ejército entero. El monstruo avisa que se tragará a quién a él se acerque.
Y así iba comiéndose a tres nietecitas, un molinero, un rebaño de ovejas y un batallón de soldados, etc. (los personajes varían según la versión). Hasta que llega un ser diminuto, en este caso una hormiguita, la cual recibe la misma amenaza que los anteriores, pero ésta le replica que se le meterá por el culo y le hará bailar, consiguiendo así que vomite a todos los que se ha comido y entre todos le maten.
En todas las versiones se repite el héroe, la pequeña hormiguita.
En otros pueblos de la provincia de Palencia me consta que este cuento también formó parte de su tradición oral. Recuerdo que, en las fiestas de la Virgen de San Lorenzo que se celebran en Valladolid a finales de agosto o primeros de septiembre y en las fiestas de San Antolín en Palencia, el tío Tragaldabas era una de las atracciones de cartón piedra en la que los niños podían subir, penetrar por la enorme boca, tirarse por el tobogán que hay en su interior y salir por detrás de la atracción.
A veces también participaba en los pasacalles de GIGANTES Y CABEZUDOS de estas localidades.

El sacamantecas.
Es otro personaje también del folclore castellano. En Espinosa, tal como a mí me lo contaban, bajaba por las laderas del cotarro de Santa Lucía hasta entrar en el pueblo en busca de aquellos niños que no nos comportábamos bien.
Su origen se remonta a la Edad Media y el término se popularizó de nuevo durante el siglo XIX y comienzos del XX debido a los asesinatos que se sucedieron en Vitoria, Málaga, Orense y Barcelona. Todos ellos tenían en común a un hombre o mujer que mataba mujeres y niños para extraerles las mantecas (grasa corporal) para hacer ungüentos curativos o jabones, según las creencias de la época.
El hombre del saco es otro personaje del mito popular similar al del Sacamantecas. Toma diferentes nombres según la zona donde se cometió el crimen: El sacamantecas de Gádor en Almería, el mito del tío Laín en Murcia, el hombre del unto del Bierzo, el compranens de Lleida, el tío Camuñas de Salamanca, el Krumpsush alemán, etc. 
Tienen su momento histórico a finales del siglo XVIII y durante el XIX. Todos ellos presentan el mismo argumento: un crimen real, donde un niño es raptado, metido en un saco y asesinado posteriormente.
La finalidad del crimen era la de recuperar la salud y el vigor de una persona enferma, haciendo que ésta bebiese la sangre caliente del niño asesinado y utilizase sus mantecas como emplasto para combatir la tuberculosis. Estos años coinciden con la época de la Revolución Industrial, donde las pésimas condiciones laborales del colectivo obrero: hacinamiento, pobreza, insalubridad, subsistencia, eran un escenario proclive a la propagación de la tuberculosis. Hubo familias adineradas dispuestas a contratar los servicios de esta gente sin escrúpulos para que realizasen esta tarea y así curarse de sus dolencias. Hasta aquí el relato.

El problema se presentaba cuando, después de alguna de estas narraciones, te mandaban hacer algún recado, como ir a comprar algo que se necesitase o llevar algún aviso a algún vecino, sobre todo, si ya era de noche. Salir de casa a esas horas, con la escasa iluminación de las calles y con el miedo bien metido en el cuerpo, el encargo se ejecutaba visto y no visto a la velocidad del rayo, mirando hacia atrás de vez en cuando por si te seguía alguien.
Actualmente me queda la nostalgia de aquella época pasada. Debido a los diferentes procesos de aculturación y socialización habidos en la sociedad española en general y espinosiega en particular, que se empezaron a producir a mediados de siglo pasado tales como: el éxodo masivo del campo, la incorporación de la mujer al trabajo, la desacralización de los valores religiosos y morales de la sociedad, el auge de los modernos medios de comunicación social, especialmente, la radio, el cine, los móviles y la televisión han ido provocando profundos cambios en las actitudes, usos y costumbres de las familias, y prácticamente el despoblamiento de nuestro pueblo.

Dedico este escrito a todas aquellas personas de nuestro pueblo, y que ya no están, para quienes la literatura de tradición oral o arte verbal: cuentos, leyendas, nanas, refranes,…etc., constituyó el principal medio de transmisión del saber popular y, de esta manera, contribuyeron a mantener el sistema de valores y las formas de vida de la sociedad que les tocó vivir. Para ellas y ellos.

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