"Bienvenido Invierno!"

16 abril 2008

RUTA DEL RIO FRANCO


Por la esquina sureste de la comarca del Cerrato palentino se abre paso, entre los desabrigados y desforestados páramos calcáreos una, pequeña corrientede agua: el Río Franco. Se trata de uno de los ríos más autóctonos del Cerrato castellano, ya que nace y muere dentro de su espacio geográfico.

El río Franco debe el origen de su nombre a que gran parte del Cerrato castellano, fue repoblado en el siglo X, por "francos" (franceses), junto con mozárabes, asturianos y cántabros. Otros, aseguran que el río toma al nombre del modelo de jurisdición que lo administraba, ya que pudo ser territorio "franco", libre en época bajo medieval. Sea como fuese, el río Franco, en su corto recorrido -poco más de veinte kilómetros juega a ser unas veces palentino y otras veces burgalés. Hasta en su nacimiento persiste en esta actitud, surgiendo a la luz en dos "tojos" uno de los cuales se sitúa en el término de Espinosa de Cerrato-Campanario (Palencia) y el otro, en el de Villafruela (Burgos). Sus limpias y cristalinas aguas han originado numerosas zonas encharcadas y palustres, donde han surgido numerosos depósitos de turba (turberasfósiles), que provocaron enfrentamientos entre quienes proponían su explotación y los que abogaban por su defensa y preservación. Hoy, en nada han cambiado las cosas, y sus diáfanas aguas siguen corriendo su curso histórico; en el cual hasta hace escasos años,todavía se pescaban buenas truchas y hasta anguilas, así como excelentes cangrejos de río. Visto de cerca, bien se diría que el río Franco es un río de montaña, ya que en algunas partes de su recorrido, sus paisajes a ellas quieren parecerse.

A escasa distancia de su nacimiento, el río Franco ya da vida a una antigua población: Espinosa de Cerrato, que en el siglo XII, posiblemente más acertadamente que ahora ya se denominaba "Espinosa de Río Franco". Hoy, su curso hidrológico "lame" los pies de su casco urbano, que se descuelga por la ladera de un "cotarro", al que horadan infinidad de bodegas-cueva, lo que nos hace pensar en un pueblo troglodita buen aficionado a la crianza de vinos. La posición empinada de sus calles, hacen de él uno de los lugares más pintorescos y atractivos del Cerrato palentino. Pindias son todas sus rúas, que ascienden retorciéndose hasta su antigua iglesia de San Martín, la cual en origen fuegótica del siglo XIII, y mejor se apreciaría todo ello si se tuviese abierta una vieja cancela situada en su muro norte y retirados todos los antiguos bancos de la iglesia, apilados sobre ella, que hoy nos impiden admirar su primitiva portada.


A parte de los cultivos tradicionales de cereal, dentro de su territorio, nos llamarán la atención otros de "lavanda" (espliego), que se "cosecha" y se vende"para afuera", confecionándose con ello esencias base para perfumería. En contraposición olorosa, por todo el término abundan las granjas de ganado porcino, que ponen otro "perfume" en el ambiente.



El río Franco abandona el acogedor rincón de Espinosa de Cerrato, despidiéndose de su ermita de la Virgen del Sauco. Unos metros más adelante, el río volverá hacerse burgalés. Royuela de Río Franco se le pondrá en el camino. Su vega la veremos repoblada de chopos, álamos y salgueras, entre los cuales localizaremos algunas de las turberas. Tres kilómetros más, y la ya cada vez más ancha cuenca del río, vuelve a hacerse palentina. Cobos de Cerrato es la villa cerrateña que sale al encuentro. Durante la Edad Media, a Cobos se le nombraba como "Cuevas de Río Franco y Cuevas de Seglares" y de aquel pasado rupestre todavía pueden verse algunas viviendas excavadas en las margas yesíferas, con cuya explotación se ganaron la vida sus habitantes. Su Iglesia parroquial está dedicada a San Román; siendo un digno ejemplar plateresco fechado en el siglo XVI, apeada contra el roquedal que protege al pueblo y sobre el cual se instalan sus tradicionales bodegas. El río Franco rodea la villa y la abandona por fértil vega.

Muy cerca, entraremos en los incomparables parajes San Juan de los Castellanos, antiguo despoblado medieval, instalada hoy una granja y finca con el mismo nombre. En este lugar podremos admirar, regado por todo su territorio, uno de los mejores "enebrales" autóctonos de Castilla y León; poblado de los más raros, recios y dignos enebros de incienso (Juniperus thurifera), algunos de los cuales llegan a alcanzar los quince metros de altura; conformados por copas persistentes y oscuras, capaces de soportar las condiciones climáticas más extremas. Todo un bosque relíctico, recuerdo de lo que fue la vegetación autóctona de la zona.

Cuentan las antiguas leyendas que los ataudes de los abades de los monasterios medievales se construían con esta madera, lo que facilitaba que los cuerpos permaneciesen incorruptos por siglos, a la vez que perfumaban con sus esencias naturales las lóbregas criptas monacales.

Cinco kilómetros más abajo de estos naturales y ecológicos parajes, el río Franco desagua en el río Arlanza del que es tributario; haciéndolo frente por frente a Pinilla de Arlanza. Los bosques de galería de ambas riberas se entremezclan con viejos pinares, siendo muy probable que sobre sus aguas nos encontremos con alguna bandada de ánsares o espantemos alguna garza real.

(Nuestro agradecimento a Óscar Garcia Perez por la cesión de este artículo sacado de http://usuarios.lycos.es/CobosWeb/index.html)

0 comentarios :

ecoestadistica.com