"Cosas de Espinosa de Cerrato"

04 junio 2008

POESIA A LA VIRGEN INMACULADA

Poesia de Paciano Álvaro († 20-07-2001)



Virgen María Inmaculada
brillaste como aurora del gran día
plantaba Dios en ti su tienda,
sobre nuestro suelo queremos la llegada de su Reino.

Tú eres el consuelo de la humanidad,
cuando llegan los momentos de dolor,
ofreces la esperanza de tu mano
y alumbras el camino del Señor.

Tú cantas la grandeza,
el amor y las obras que hizo el creador
tú haces tantas cosas en nosotros,
Virgen Santa Inmaculada eres grande en el Señor.

Eres, como el canto de mi voz pero eres la grandeza; el amor,
eres tan hermosa, como el cielo y el mar madre nuestra;
eres como el gozo de soñar.

Tú fuiste la dichosa
entre todas, la gran mujer porque Dios cuajo en tu seno y de ti, quiso nacer.
Aunque parezcan tus pasos inútil caminar;
vas marcando camino, otros le seguirán.

Si por el mundo,
los hombres sin conocerte van
no niegues nunca tu mano al que contigo esta.
Viviste con la Cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera,
la humanidad busca el nuevo amanecer, de tu tierra.

¡Oh! Virgen Inmaculada
ayúdanos cuando la noche se acerca,
cuando se nos oscurece la Fe,
cuando el dolor nos oprime y la ilusión ya no brilla,
cuando aparece la Luz y no la vemos cuando nos llega la muerte
para que nos lleves al Cielo.

Siempre pensamos en ti,
cuando a la orilla del camino se detienen nuestros pies,
porque el polvo de la vida va cegando nuestra Fe.

Pienso en Ti,
cuando la lucha de la vida debilita mi valor,
cuando me siento derrotado,
sin sonrisa y lleno de dolor.
Cuando a la orilla de la senda
Virgen Santa Inmaculada,
"Pienso en Ti", esperando que ilumines
con tu resplandor nuestro porvenir.
y cuando al alba de mis días no amanece la ilusión,
cuando el alma desespera
y al compás de mi esperanza me encuentro sin amor.

Virgen Santa Inmaculada tú fuiste más que mujer,
porque fuiste la aurora que estrenaba nuevo amanecer.
Fuiste más que mujer,
porque eres la gloria y salvación
tú fuiste portadora
de un tesoro de esperanza y reconciliación.
No nos dejes, Virgen Inmaculada,
ven con nosotros al caminar,
queremos compartir la vida
y crear fraternidad.

Virgen Santa Inmaculada
ven a nuestra soledad,
ven a nuestro corazón, a tantas esperanzas que han muerto
a nuestro caminar sin ilusión.
Ven y danos la alegría
que nace de la Fe y del amor,
el gozo de las almas que confían en medio del esfuerzo y del dolor.
Ven y danos la esperanza para sonreír en tu aflicción,
la mano que del suelo nos levanta la gracia de la Paz en el perdón.
Ven y danos confianza la sonrisa que en tu pena floreció,
sabiendo que en las dudas y las tormentas jamas nos abandona nuestro Dios.

Muchas cosas en nosotros son el fruto de tu amor,
la plegaria más sencilla cantaré, dentro de mi corazón.
Tú eres la mujer radiante vestida de gran resplandor, la luna gira a tus pies
y el sol a tu alrededor.
Tú que aceptaste con amor ser la esclava del Señor,
vas entonando un poema de alegría, porque Dios te engrandeció.
Tú que has vivido el dolor y la pobreza
y que has sufrido en las noches sin hogar tú que eres el consuelo
del que reza en su llorar.

Virgen sencilla y humilde que viviste en Nazaret,
Dios te ensalzo y te hizo grande en tu misma pequeñez.
Tú nos miras desde el cielo, nos hablas al corazón
y con un abrazo de madre, nos envuelves en tu amor.
Te llenaste del Espíritu de Dios
para ver el horizonte de la vida,
porque así te lo dictaba el corazón
y porque fuiste fiel en el amor.

En la Cruz, te hiciste madre de los hombres
y tu amor fue fecundo en el dolor,
gracias Madre Inmaculada
por llevarnos a tu hijo con amor.
Haznos humildes en nuestra soberbia
y tan sencillos como tú.

Gracias Madre por abrir tu corazón,
dándonos la esperanza de salvación.
Madre de Dios y la humanidad haznos como Tú,
mensajeros de la Luz,
haznos comprender al mundo,
el dolor gozoso de la Cruz.

Feliz Tú, Virgen Inmaculada
que respondiste al don de Dios,
por la Fe que en ti había,
Dios nos dio la salvación.

Fuiste fiel en los momentos de alegría,
fuiste fuerte en los momentos de dolor,
comprendiste el camino verdadero,
escuchando la palabra del Señor.

Por caminos que se alejan me perdí,
hoy vuelvo a rezar ante tu altar,
al rezarte puedo comprender,
que una madre no se cansa de esperar.
Una madre siempre espera su regreso,
que el regalo más hermoso,
que a los hijos da el Señor,
es la madre y el milagro de su amor.

Gracias porque siempre sigues perdonando, g
racias por tu espera amada,
porque tú nos quieres como hijos,
Virgen Santa Inmaculada.

Tú, caminaste junto a Cristo.
Tú, has creído en la palabra del Señor.
Tú, cogiste el camino de la Cruz con silencio y con amor.
Tú, afanabas como madre en mil trabajos que da un hogar,
tus humildes y hermosas manos encallecidas de trabajar.

Dios, quiso honrarte como a ninguna
y con mil encantos enriquecer,
te hizo humilde y buena,
trabajadora te quiso hacer.

Dios nos pide confianza,
que tengamos comprensión,
que vivamos sin desmayo cada día,
poniendo en activo el corazón.

Virgen Santa Inmaculada,
dolorosa junto a la Cruz,
tú conoces nuestras penas,
danos un rayo de Luz.

Alivia a los cuerpos que sufren enfermos,
el hambre a los que no tienen pan,
a los que callan por miedo
la pena del triste que esta en soledad.
Madre bondadosa y buena,
mujer llena de la Fe de Dios,
saber vivir en la oscuridad
y guiar a tus hijos al caminar.

Eres Madre muy sencilla,
luz de gozo que me priva,
agua viva que sacia mi sed;
haz que en este mundo
siempre te podamos comprender.

¡Oh! Virgen Santa Inmaculada
jamas se ha oído decir,
que reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Caminamos buscando consuelo,
buscando una mano amiga,
caminamos pidiendo consejos,
por esta dolorosa vida.

Abre bien los ojos
que esta Madre te comprende,
ella escucha tu gemido y aunque todos te abandonen,
ella, siempre esta contigo.

Muchas cosas en nosotros,
son el fruto de tu amor,
la plegaria más sencilla,
cantarte, dentro de mi corazón.

Hijas de la Virgen María de Espinosa,
hermosa comunidad cristiana,
rezar con gran devoción,
a la Madre Virgen Inmaculada.

En la parroquia tenemos una madre que nos ama,
ella es nuestra guía,
la salvación de nuestra alma.
Mirando esta siempre al cielo
y con los brazos cruzados,
pidiendo a Dios nuestro Señor,
el perdón de nuestros pecados.

La Virgen es la imagen
que ilumina el umbral de nuestro camino,
la que nos guía y acompaña,
a los eternos designios del destino.

Recemos siempre juntos a esta Madre bondadosa,
para llegar a conseguir, vida eterna más gloriosa.

Paciano Álvaro (14/10/1997)

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